Sabado13treinta

Imitando modelos

Imaginaos la convocatoria de un casting solicitando concursantes para un reality que buscase héroes. O quizás, podríamos buscar santos

Imaginaos un reality-concurso donde los participantes, se vieran expulsados por la “casa” por cobardes y pecadores, como decía Chiquito de la calzada.

Imaginaos a Jorge Javier Vázquez, haciendo el recuento semanal de las ancianitas ayudadas por Alessandro Lecquio a cruzar un semáforo. O a Belén Esteban embarcada en una cruzada para restaurar campanario.....s de iglesias en ruinas.

Imaginaos un casting, que buscase personas generosas, altruistas, con espíritu de sacrificio y sentido del deber; con dotes personales que incluyeran la amabilidad, la simpatía, una gran capacidad empática y un profundo amor por la vida.

Ridículo ¿verdad? ¿Qué interés tendría ver un programa con semejantes concursantes?

Más importante aun: ¿encontraríamos concursantes?

Lo bien cierto es, que la sola enumeración de las virtudes anteriores citadas ya empalagué y hastié. Aburre.

Me planteo todas estas cosas cuando faltan dos días para La Semana Santa. Ya sabéis: vacaciones, playa o quizás montaña, procesiones espectaculares en, prácticamente, cualquier ciudad de la geografía española.

Fiesta, mucha fiesta. Turismo, negocio, hoteles a rebosar, mucho dinero. La Semana Santa vende sola.

Per La Semana Santa, también es otra cosa, es algo más. En La Semana Santa, los creyentes conmemoran y celebran La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. La historia es bien conocida. Nos cuenta el fracaso y la derrota del hombre honesto e inocente a manos de sus crueles enemigos, y la posterior victoria, obtenida cuando ya toda esperanza quedaba aplastada por el peso inamovible de la muerte.

Nos cuenta como un hombre, que muere ajusticiado como un malhechor, resucita como Hijo de Dios.

Como decía, la historia es cosa sabida. La pregunta es ¿Por qué esta fantástica historia despierta hoy día tan poca expectación? ¿Quizá sea que en el fondo no nos la creemos?

Las sociedades humanas buscan constantemente modelos, referencias que guíen nuestras expectativas de vida.

Hoy, los modelos, los referentes que suelen ejercer una especie de fascinación hipnótica en la gente son grandes deportistas, los actores o cantantes de éxito, algunos grandes empresarios con fortunas difícilmente concebibles. En todos ellos la conjunción de factores como: éxito, dinero, fama, atractivo social y sexual que suele acompañarles, convierte a esas personas en irresistibles modelos de comportamiento que influyen de forma importante en todos nosotros. Esto es algo muy humano. Es la base de toda capacidad de aprendizaje. Cuando observamos conductas que tiene éxito procuramos imitarlas.

No hay nada extraño en ello; es cosa vieja y sabida. No obstante la cuestión de fondo queda pendiente: ¿Por qué el hombre que alcanzo el triunfo jamás soñado esta dejando de ser modelo y referencia? ¿Por qué la imitación de Cristo esta pasada de moda?

Jesucristo, con el ejemplo de su vida, nos enseña el camino del éxito. Nos lo dice explícitamente: Yo soy el camino, la verdad y la vida, quien crea en mí vivirá eternamente. Fijaos donde pone Jesucristo el acento. No dice quien crea en mi mensaje. El mensaje es Él.

Quizás dos mil años de historia, de errores y fracasos eclesiales han desgastado la credibilidad de la figura y el evangelio de Jesucristo.

A pesar de esto yo, que también he visto mi fe golpeada y zarandeada por los embates de la vida, sigo queriendo buscar mi referencia, mi modelo en Jesucristo.

En Jesucristo en la Cruz. Como recordamos en Semana Santa, en la tremenda contradicción de la cruz. Símbolo de fracaso, dolor y muerte. Y signo de la exaltación, triunfo y victoria. La esencia misma de la humanidad se muestra en esta contradicción. ¿Cómo alguien que es Hijo de Dios elige morir en la cruz? ¿No hay otra forma de mostrarnos el triunfo del hombre? ¿Es la cruz el único camino que lleva a Dios?

La aspiración a la felicidad del ser humano, alcanza en nuestros días rango de derecho universal. El conciliar esta aspiración a la felicidad, con la exigencia de tomar nuestra cruz y seguirle, es, en mi opinión, la gran tarea pastoral de la iglesia hoy.

Pues la imitación de Cristo, esa que nos hace decir con San Pablo: “Ya no soy yo quien vivo, es Cristo quien vive en mi, necesariamente nos lleva a la Cruz de la renuncia, a la cruz de la muerte de nuestros egoísmos, de nuestros miedos, de nuestras equivocadas escalas de valores. Hasta aquí todo correcto, todo muy viejo, muy sabido y trillado.

Pero la gente necesita ser feliz aquí y ahora. Cuando yo leo el evangelio, veo aun hombre feliz. Jesucristo me parece un hombre que transmite esperanza, alegría, ganas de vivir y de amar.

No en balde, su predica él la llama: Buena nueva. Jesucristo nos trae buenas noticias. Nos dice que Dios nos ama, que podemos ser felices aquí y ahora, y que, como Hijos de Dios y poseedores de un alma inmortal, nuestro destino es la vida inmortal.

Volviendo a lo de los castings y aquello de buscar modelos y referencias de conductas, siempre encontré a faltar, en la proclamación de Cristo que la iglesia hace, un mayor peso de los aspectos positivos que la imitación de Cristo aporta al hombre. Por el contrario abundan los aspectos negativos, sensacionadores y represivos del mensaje cristiano.

El cristianismo hoy en día, debe encontrar su razón de ser, en la posibilidad de que cristo nos brinda de vivir una vida más plena, mas humana, más feliz en suma. Para ello deberíamos actuar como Él; o mejor aun: dejar que Él actúe por nosotros y en nosotros.

La estación

El viejo caminaba, el paso tardo, la espalda encorvada; su mano, ayer tersa hoy arrugada, se cerraba sobre el puño del bastón. Hace frío piensa, aunque sol. Si, al sol se estará bien. Llega ya a su destino: la estación. Allí, sentados en los soleados bancos de piedra hay un grupo de ancianos. El viejo se sienta, todos se saludan y hablan de sus cosas.

- Hace fresco ¡eh!, parece que el verano se retrasa.

- Tengo dos nietecillos, un chico y una chica…

- El Madrid campeón oye, lo que yo te diga.

- Pero si está claro hombre, todos los gobiernos son iguales.

( Tren va )

- Venga ¿Echamos unas partidas?

- Vamos a verlo ¿Tute, brisca?

- Lo que queráis.

Juegan. ¡Y como juegan! Chillan, discuten… como si les fuera la vida en la partida, golpean vehementes con el puño sobre el banco de piedra.

- ¡Esa!

- ¡Mato!

- ¡Las cuarenta!

- ¡Arrastro!

( Tren viene )

La estación, con su trajín, con su ir y venir de gente, forma un rudo contraste con los viejos. Allí sentados. Mundo aparte, oasis, isla donde se ha detenido el tiempo.

- Me acuerdo yo en el año….

- ¡El Valencia entonces si que tenía equipo!

( Tren va )

Forman un grupo curioso y heterogéneo. Albañiles, antiguos labradores y peones, empleados jubilados. Unidos todos por su edad, y su soledad. Hay uno que fue artista… bueno, de los modestos claro. De esos que actuaban por los cafés. De esos que (eran otros tiempos) iban de pueblo en pueblo y montaban su teatrito y cantaban y actuaban, y organizaban una pequeña rifa.

- ¡Veinte duros la tira!

- ¡Venga, por veinte duros se llevan la botella de coñac, la muñeca y el champán!

( Tren viene )

De esos. Y él va, con su guitarra, con su verborrea de charlatán de feria, con su alegría, con sus recuerdos y su melancolía, y rasguea la guitarra. Y canta, con su voz rota, cascada, por mil batallas derrotadas. Los demás jalean. De vez en cuando animan, de vez en cuando alguno intenta recordar

- ¡Ayyyyyy…..! ¡ Lere leeeeee!

( Tren va )

Pasa una muchacha, bella flor de juventud, alta y esbelta. Las prietas carnes ceñidas por el vaquero, limpia y deseable, orgullosa, dulce promesa de mujer. Los viejos miran, añoran, cuchichean, y surge el requiebro, el piropo que es lamento.

- ¡Quien tuviera veinte años, morena!

Y luego, por un instante, quedan silenciosos, pensando, recordando los años mozos, tan lejanos ¡ay! Tan lejanos.

( Tren viene )

Allí cerca, unos niños juegan. La pelota, azul, de goma, corre y corre y bota. Los niños gritan, la persiguen, ríen y discuten. Uno de los niños cae, llora. El viejo va y lo levanta, lo consuela. Luego, los dos, el viejo y el niño, se miran.

El ayer y el mañana. ¿Qué piensan? El niño corre, alegre, como persiguiendo su meta; el viejo, cansado, se sienta.

( Tren va )

Los viejos hablan, de sus cosas de sus problemas.

- El otro día, cuando fui a cobrar la pensión tuve que hacer cola más de dos horas.

- Es que eso lo hacen muy mal ¡No hay derecho!

- Y fíjate lo que dijo el otro día mi nuera….

- ¿Sabéis quien se ha muerto?

- ¿Quién?

- Pues el Manuel, aquel que vivía con su hija.

- ¿Y de que se ha muerto?

- Pues no se, ya estaba malo…creo que estuvo un mes en la fe.

( Tren viene )

El sol ya esta alto. El mediodía se acerca, poco a poco, como con pena, los viejos se van yendo.

- Bueno, pues vamos a ver si nos dan de comer.

- Si, habrá que ir pensando en eso.

- Hasta luego.

- Hasta luego.

Nuestro viejo se levanta, se despide y se va. El paso tarda, la espalda encorvada; su mano, ayer firme hoy agotada, se cierra sobre el puño del bastón.

( Tren va )

Presentándome

Hola, aqui empiezo una andadura que espero que a todos nos haga pasar buenos ratos.

Sobre el aborto

Conservadores “versus” progresistas, viejo problema, que no obstante no pierde vigencia y se presenta de nuevo en cada encrucijada, en cada nuevo recodo que, el camino, la vida, nos va presentando y planeando. Esto viene a cuento de la polémica y el follon que con motivo de la nueva ley del aborto hemos organizado en España. Los conservadores, como no podía ser menos, están en contra, y por el contrario los progresistas están a favor. Bien, pero… ¿En contra de que, o a favor de que? Quizás en contra de la libertad de decisión de las mujeres; o a favor del derecho a la vida del feto tal vez… ¿o era al revés? No lo se, menudo lío.

Lo del aborto por supuesto no es nuevo; en realidad resulta arto difícil encontrar cosas nuevas bajo el sol. Las mujeres que no quieren o no pueden tener a sus bebes siempre han encontrado formas de abortar. En ocasiones en grandes riesgos de su vida, ya que los métodos caseros y chapuceros no eran los actuales; no obstante, el resultado era el mismo: el feto moría, en ocasiones la madre también y la vida seguía.

Como digo, el dilema es antiguo, familiar y conocido; y podríamos resumirlo diciendo que hay unos derechos adquiridos, como si dijésemos derechos de antigüedad, que los nuevos (es decir los futuros bebes) deben respetar. Y cuando hay conflicto entre los que ya estamos aquí y los que vienen…pues ya esta.

La historia nos enseña como este conflicto se ha resuelto de muy diversas formas: el aborto, por ejemplo. Pero también aquellos vástagos ya nacidos que de alguna forma molestaban, sobraban.

Estas causas, por enumerar algunas, solían ser económicas; en épocas de hambre siempre se han abandonado niños recién nacidos. O de prejuicios de género; es bien sabido el poco aprecio que de las mujeres se hace en algunas sociedades (por ejemplo en China). Así nos encontramos con el hecho cierto, históricamente cierto, de que los recién nacidos, los hijos, en determinadas circunstancias no son bien recibidos; ya de que alguna forma, vienen a disputar el bienestar de sus padres y hermanos mayores. Y claro está, las leyes, usos y costumbres siempre las establecen los que ya están aquí. El resultado es claro: el feto es desposeído de su derecho a la vida. Se argumenta que un feto no es un ser humano. ¿Qué es un ser humano? ¿Quizás un feto un poco más crecido? Matar a un niño por el hecho de tener alguna deficiencia psíquica o física, seria considerado un crimen horrible, más propio de la locura nazi que de un país civilizado; no obstante por esas mismas causas se practican abortos de fetos sin ningún problema. Resumiendo, en España, nación progresista y avanzada, se defiende a ultranza los derechos del niño ya nacido; en cambio cuando ese mismo niño todavía no ha nacido se los niegan de forma absoluta. Es la doctrina “progre”.

Los conservadores, en cambio, que insisten en defender a capa y espada el derecho a la vida del feto, no vacilarían mucho en condenarlo a la pena de muerte unos años mas tarde, cuando este feto, ya nacido, transgrediera alguna ley y se hiciese acreedor a dicha condena. En el fondo, resulta muy irónico pensar que hoy en día, no puedes, por decir algo, ni meterle una colleja a tu “enano”. Como lo hagas llega un juez y te quita la custodia. Pero puedes abortar.

En algunas Comunidades Autónomas no puedes decidir en que idioma quieres que tu hijo estudie (a no ser que tengas pasta para mandarlo al colegio alemán, o al liceo francés). Pero puedes abortar en cuatro idiomas.

Además (como dirían en Cataluña: a mès a mès) si eres hombre, ya es la leche. No tienes voz ni voto; parece tálmente que las mujeres fueran todas vírgenes marías, embarazadas por obra y gracia del espíritu santo. Por supuesto cuando el niño-a nazca tendrás todas las obligaciones inherentes con la paternidad, faltaría más. Pero antes: ellas paren, ellas deciden. Se puede ser más hipócrita pero hay que entrenarse mucho.

Y ya para ir rematando el tema; esta ley, en mi opinión una pésima ley, convierte en derecho de la mujeres lo que no es mas que un fracaso.

Pues detrás de todo aborto se esconde un terrible fracaso. Pensemos en lo que supone a una mujer que accidentalmente aborta, el perder a su hijo. Esta tragedia (la muerte del futuro hijo) en el ámbito de la nueva ley la banalizamos, la convertimos en algo sin importancia, a nivel de un peeling o una sesión de masaje, la usamos como recurso anticonceptivo. Convertimos en suma la que debería ser una medida excepcional (el aborto) en algo menos transcendente que ponerse un piercing o un tatoo. ¡Sorprendente!.

Fracasan las parejas, o las mujeres, que no practican un sexo seguro que prevenga embarazos indeseados. Fracasa una sociedad que ante un embarazo “dudoso” la única alternativa que ofrece a la madre, es un aborto gratuito y clínicamente seguro.

Fracasa una sociedad que considera el aborto libre (ya que esto es lo que en realidad la ley persigue) como una conquista social de la mujer “liberada”. Y cuando fracasa la sociedad fracasamos todos.

Días vendrán que los hijos que ahora con alegría matamos, con pena los encontraremos a faltar. Son los tiempos. Es el progreso.

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