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fuerza aerea

Presentación y una pequeña reflexión sobre el poder aereo

Con esta entrada inauguro una nueva sección en Blogpolis, dedicada a todo lo concerniente al hecho militar. Y uso la palabra militar para evadirme de las implicaciones buenistas y políticamente correctas del término defensa tal cual se usa ahora, referida en realidad a todo lo concerniente a lo militar; lo hago porque mi intención no es en ningún momento ser políticamente correcto, mi objetivo es presentar hechos e ideas tal cual son, lo cual puede resultar desagradable por cuanto se refieren a guerra, destrucción, muerte, etc., que es al final el cometido de lo militar. Mi idea es simple: en la medida de lo posible colaborar desde esta humilde página en centrar el debate de lo militar en lo que es y debe ser, divulgar su hechos y problemáticas y en definitiva intentar deshacer el horroroso y muy peligroso equivoco en que lo militar ha caído en España; en esto viene al dedo la máxima en latín si vis pacem, para bellum(si quieres la paz, prepara la querra). Solo si estamos dispuestos a pelear, y nuestros posibles enemigos lo saben, podremos evitarnos la agonía de la guerra; y si por desgracia no la evitamos, estaremos listos para afrontarla con mejores garantías de éxito y menores expectativas de daños. Sobre este tema, la filosofía de seguridad, incidiré periódicamente, ya que es seguramente el principal problema que sufre la política militar española, nuestras FAS y la relación de estas con la sociedad.

Pero para esta primera entrada de la nueva sección quiero centrarme más en un asunto que concierne a la mayoría de nuestros aliados, incluidos nosotros mismos, y principalmente a los USA, que es la renovación de la fuerza aérea. En un interesante artículo al que llego a traves del CDI (Centre for Defense Information) titulado Insurgents Offer Tough Air Critique el autor hace un resumen de las tesis de dos ex-componentes de la USAF sobre el estado de este arma, su historia y su futuro. Estos militares(Robert Dilger y Pierre Sprey) hacen una crítica feroz a la corriente muy extendida de que el poder aéreo es capaz por sí solo de solucionar conflictos, empezando por los postulados de Douhet del uso estratégico de la aviación(bombardeos masivos) y acabando en las muy recientes visiones de UAVs realizando gran cantidad de tareas tácticas, muchas tradicionalmente en manos de la infanteria y/o caballeria, como puede ser ataques en profundidad a objetivos móviles muy lucrativos, vigilancia de rutas de comunicación, ataques a la retaguardia de un frente de batalla, etc... Su crítica se inicia cuestionando la pretendida eficacia del componente estratégico de las FFAA, sobretodo de las misiones de bombardeo masivo. Al respecto no puedo más que darles la razón; analizando la historia comprobamos como, a pesar de los masivos bombardeos aliados sobre Alemania, esta mantuvo un producción industrial muy notable mientras tuvo acceso a materias primas. En Japón ocurrió otro tanto, y gran parte del mérito de la victoria aliada en ese frente vino de la mano del arma submarina useña, que fue la que realmente aniquiló la flota mercante nipona. Por supuesto, la aviación tuvo un papel muy importante en dicho teatro, desde el mismo comienzo de la guerra (el ataque a Pearl Harbor), pero su papel más decisivo tuvo lugar en las batallas aeronavales, donde actuaba como el elemento principal de fuego de las flotas. La doctrina Douhet de uso estratégico falló miserablemente con Japón inicialmente, pues a pesar de los terribles daños que sufrieron sus ciudades (más medio millón de muertos, la inmensa mayoría civiles) Japón solo se rindió ante la amenaza nuclear. Después se vió como los mismos USA perdieron la guerra de Vietnam a pesar de la franca superioridad aérea y de los bombardeos de alfombra de Hanoi (que sólo sirvieron para forzar a Ho Chi Min a volver a la mesa de Paris). En la operación Desert Storm las 88.000 Tn de bombas que las FFAA aliadas le lanzaron a los irakies no forzaron su rendición, y finalmente tuvieron que actuar las fuerzas terrestres. Lo mismo pudimos observar en el bombardeo de Serbia por la OTAN, o en Afghanistan. Los autores mencionan un hecho que es muy significativo: en Irak durante Desert Storm la mayoría de las bajas irakies a manos de la FFAA fueron realizadas por operaciones CAS mediante A-10, destacando el número de carros de combate; las operaciones de los B-52 fueron bastante menos efectivas.

Después de criticar la efectividad de la corriente de uso estratégico de las FFAA (si prescindimos del armamento nuclear), se centra en los programas de adquisición de material de la USAF. Principalmente critica las elecciones del material, la tendencia a adquirir aeronaves tremendamente caras, los sobrecostes (brutales en algunos programas, como el B-2 o el F-22), y en general la excesiva dependencia en la última tecnología. Y propone un programa de adquisición de aviones mucho más sencillos que el F-22 y el F-35, que lleven el número de los 2000 previstos a unos 10000.

Es la propuesta de modificación del caracter de la USAF lo que más me llama la atención. Los aviones que postulan son un caza de superioridad aerea pequeño, muy maniobrable y con electrónica pasiva, un sustituto para el A-10 para misiones CAS, un aparato de trasporte capaz de actuar en pistas improvisadas y cortas y un avión de control aéreo de gran radio de acción. Esta especialización, añadida al uso de tecnologías ya disponibles abaratarían enormemente el coste por aparato, y permitirían construir una flota aérea mucho más grande. Añadido a esto está un cambio de doctrina del uso de la fuerza aérea, centrandose en el CAS y el mantenimiento de la superioridad aérea, y abandonando el bombardeo estratégico por ineficaz. También se muestran contrarios al despliegue masivo de UAVs.

Analizando sus ideas me he dado cuenta que en cierta medida coinciden con algunas ideas (no muy trabajadas) que tenía antes, sobretodo respecto a la eficacia de las FFAA en operaciones de bombardeo estratégico, y las malas ideas militares que encierran los actuales planteamientos doctrinales y políticos de este arma, y por extensión, los que induce en el resto de armas. Una de estas es la mitificación de la cacharrería más avanzada, sobretodo las llamadas armas inteligentes como pueden ser las JDAMs, misiles de crucero o LGBs; mitificación no por su contrastada eficacia como armas, sino por la sobreestimación y distorsión de sus efectos sobre el enemigo. Una de esas distorsiones más peligrosas es sin duda la que identifica su precisión con la limpieza de efectos; esta busqueda continua de la eliminación de efectos colaterales (como si una bomba de 1000 libras, por mucho kit JDAM que lleve, no pudiera matar a cualquiera en un radio de 100m. del punto de impacto, combatientes o no), con animo de endulzar lo que no deja de ser el uso de armas generalmente muy potentes y destructoras, provoca una realimentación muy perversa en el que el responsable político-militar de las operaciones llega a dejar de lado consideraciones de eficacia militar (que debería ser el primordial en toda operación de armas) por las de eficacia política, lo que en no pocas ocasiones suele resultar en operaciones más largas e intensas por la no consecución de objetivos, con el consiguiente aumento de victimas y destrucción. Por no hablar del deleznable empeño en blanquear lo que son operaciones de guerra, en un intento hipocrita que quitar sangre y virtualizar las acciones de combate. Esto lleva a doble efecto de desdramatizar el impacto humano de las operaciones (deshumanizandolas aún más) en el enemigo y en las propias fuerzas. Si es grave el primer efecto, lo es aún más el segundo, por el menoscabo a largo plazo que se produce en la eficacia de la acción de las FAS, al aparecer el efecto, tan de los políticos gobernantes españoles de nuestra época, de la tolerancia cero de bajas propias. A todo esto añadir la increible inflación en los gastos de material que trae el uso de este tipo de armas (más de 26.500$ por kit JDAM, sin contar la bomba; más de 700.000$ por misil Tactical Tomahawk; casi 60M€ por unidad de Typhoon de la segunda trancha, excluyendo desarrollo), con la consiguiente reducción del stock de munición y plataformas; en España este gasto supone que el EA solo tenga previsto adquirir 87 aparatos, a un coste aproximado de 8.000M€, mientras en el ET las tropas deben realizar sus misiones en Afghanistan, Libano y Kosovo en obsoletos BMR muy vulnerables a muchas de las amenazas en ZO, como los explosivos improvisados(sobretodo los realizados con perforantes) o los misiles contracarro portátiles, y con deficiente logística por la falta de presupuesto de operaciones. En mi opinión el análisis del rendimiento/coste de estas armas no les es nada favorable, y eso sin contar con la consecuencias del agotamiento de presupuestos para otras partidas, la obsolescencia del material por un salto tecnológico importante o la falta de utilidad por un cambio estratégico radical (como pasó con los B-1 después de la caida de la URSS). Mi conclusión es parecida a la de los autores del artículo; básicamente el uso de tecnología de última generación no debe imponerse a costa de las demás necesidades, ya que en general la ventaja que proporciona no justifica los problemas que provoca.

Respecto al cambio doctrinal, manteniendo la misión primordial de proporcionar superiordad aérea, es de notar la incidencia que hacen los autores en las misiones CAS. A mi parecer muy justificada, por cuanto una vez asegurado el dominio del espacio aéreo el resto de recursos deben dirigirse donde más eficazmente puedan usarse, y en cuanto a la consecución de objetivos sin duda las operaciones de apoyo de fuego a unidades terrestres son las que posiblemente mejor rendimiento aporten. Si abandonamos las doctrinas a la Douhet, el peso principal de cualquier operación recaerá en el componente terrestre, que será el encargado de vencer al enemigo y ocupar su territorio, única manera efectiva de ganar guerras (como la invasión de Irak de 2003 ha demostrado). Por tanto el elemento aéreo debería supeditar sus tareas a las necesidades del elemento principal de la acción. Esto me lleva a la observación que en España no disponemos de una plataforma CAS específica o fácilmente adaptable a la misión. No me parece muy efectivo usar un caza de superioridad con supercrucero como el Typhoon para realizar un CAS contra una posición de morteros en apoyo de una compañia de infanteria usando un JDAM, cuando una plataforma especifica puede hacerlo mejor con un ataque con proyectiles de 30mm. No solo mejor, sino muchísimo más barato, y posiblemente más seguro para la unidad a la que está prestando apoyo de fuego. El Hornet, un cazabombardero naval diseñado para operar especificamente en las Task Force de la USN como el principal elemento ofensivo de los portaaviones tampoco es muy adecuado para un apoyo de fuego cercano como el que está siendo tan usual en Afghanistan o Irak. Eso nos deja sólamente con los Harrier, escasísimos, muy envejecidos y con sus propias misiones en la Armada (aeronaves que además, aunque pueden ofrecer un buen CAS, tampoco son lás más indicadas por la limitación en la munición del cañon). ¿Acaso nuestros generales del EA padecen el mismo síndrome que los de la USAF?

Respecto del uso de UAVs para CAS, hay un componente de riesgo tecnológico importante, que es la disponibilidad de espectro electromagnético para su operación, más la disponibilidad del sistema GPS. Con los últimos avances en armas antisatelites, más la proliferación de los sistemas de misiles, no sería descabellado pensar en conflictos en los que los posicionadores puedan ser anulados, ni que sea temporalmente. Incluso en conflictos con países no muy desarrollados tenológicamente estos podrían intentar atacar el GPS a base de usar misiles balísticos para dispersar basura en la órbita de dichos satélites, algo no tan complicado como pueda imaginarse; la introducción de jammers potentes en unidades terrestres podrían afectar a los enlaces RF on sight de los UAVs de alcance corto, como los diseñados para las unidades terrestres; y por último no hay que descartar la posible introducción de armas de EMP (pulso electromagnético) o similares (proyectores de microondas), destinadas a destruir la electrónica de los objetivos. Una plataforma especifica tripulada podría en muchos casos realizar operaciones CAS visuales o usando visores termales prescindiendo del GPS e incluso de parte de las comunicaciones. Por tanto pienso que el uso de UAVs debe abordarse prudentemente, porque pueden quedar anulados totalmente sin capacidad de adaptación a un nuevo ambiente de operaciones en muy poco tiempo.

Quedan muchas cosas en el tintero; por ejemplo, ¿si las doctrinas a la Douhet son tan poco efectivas, donde quedan las tradicionales misiones de bombardeo estratégico? En mi opinión quedan reducidas al ataque de objetivos muy lucrativos, como pueden ser bases aéreas enemigas, centros de mando y control, estaciones fijas de radar y quizás alguna infraestructura de cruce de barrera, como puede ser un puente, o de servicio de caracter estratégico, como puede ser un central eléctrica, un deposito de combustible, etc. Objetivos que en general ahora mismo son atacados mejor, con menos riesgo y de manera más barata con misiles de crucero que con bombarderos. Dado el número escaso de estos objetivos en la mayoría de paises, la cantidad de misiles necesarios para plantear un ataque estratégico de esta clase no resulta muy onerosa, y está ciertamente al alcance de muchas FAS aliadas (y por supuesto algunos de nuestros posibles adversarios). Si ya nos fijamos en conflictos de caracter muy asimetrico, como puede ser el de Afghanistan, el bombardeo estratégico pierde todo su sentido, ya que la naturaleza misma del enemigo hace que no existan dichos objetivos lucrativos; para cazar a un lider enemigo, destruir una posición clave, o cosas parecidas, resulta más efectivo el uso de unidades de operaciones especiales, posiblemente combinadas con misiles de crucero o bombas LGB pàra objetivos que necesiten una gran potencia de fuego. Todo ello apunta a la necesidad de un reducido arsenal de plataformas muy avanzadas y polivalentes (y muy caras) más una gran cantidad de elementos más sencillos, baratos y especializados, que puedan realizar su misión de manera perfecta y que si un avance tecnologico o una crisis estratégica los deja obsoletos (como ocurrió con los B-1 después del colapso de la URSS) no supongan una perdida irreparable para la FA en su conjunto, por la falta de operatividad y por el gasto de su substitución por nuevas armas.

Otro apartado que también queda pendiente es el hecho importantísimo de la falta de capacidad de transporte aéreo generalizada que padecen casi todas las FAS, lo que combinado con la velocidad de progresión a la que se pueden desarrollar actualmente las batallas terrestres crea un problema logístico muy grave sin solución. ¿De que sirve poder crear un hueco en un frente con un bombardeo aéreo de alfombra si después la únidad terrestre que lo tiene que explotar es incapaz de avanzar a su máxima velocidad por la falta de suministros?. Aquí, y centrandonos en el caso español, se hace dolorosamente patente el gravísimo problema que tenemos con la falta de helicopteros de transporte, empeorada por el retraso del NH-90.

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