Sobre el aborto
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Conservadores “versus” progresistas, viejo problema, que no obstante no pierde vigencia y se presenta de nuevo en cada encrucijada, en cada nuevo recodo que, el camino, la vida, nos va presentando y planeando. Esto viene a cuento de la polémica y el follon que con motivo de la nueva ley del aborto hemos organizado en España. Los conservadores, como no podía ser menos, están en contra, y por el contrario los progresistas están a favor. Bien, pero… ¿En contra de que, o a favor de que? Quizás en contra de la libertad de decisión de las mujeres; o a favor del derecho a la vida del feto tal vez… ¿o era al revés? No lo se, menudo lío.
Lo del aborto por supuesto no es nuevo; en realidad resulta arto difícil encontrar cosas nuevas bajo el sol. Las mujeres que no quieren o no pueden tener a sus bebes siempre han encontrado formas de abortar. En ocasiones en grandes riesgos de su vida, ya que los métodos caseros y chapuceros no eran los actuales; no obstante, el resultado era el mismo: el feto moría, en ocasiones la madre también y la vida seguía.
Como digo, el dilema es antiguo, familiar y conocido; y podríamos resumirlo diciendo que hay unos derechos adquiridos, como si dijésemos derechos de antigüedad, que los nuevos (es decir los futuros bebes) deben respetar. Y cuando hay conflicto entre los que ya estamos aquí y los que vienen…pues ya esta.
La historia nos enseña como este conflicto se ha resuelto de muy diversas formas: el aborto, por ejemplo. Pero también aquellos vástagos ya nacidos que de alguna forma molestaban, sobraban.
Estas causas, por enumerar algunas, solían ser económicas; en épocas de hambre siempre se han abandonado niños recién nacidos. O de prejuicios de género; es bien sabido el poco aprecio que de las mujeres se hace en algunas sociedades (por ejemplo en China). Así nos encontramos con el hecho cierto, históricamente cierto, de que los recién nacidos, los hijos, en determinadas circunstancias no son bien recibidos; ya de que alguna forma, vienen a disputar el bienestar de sus padres y hermanos mayores. Y claro está, las leyes, usos y costumbres siempre las establecen los que ya están aquí. El resultado es claro: el feto es desposeído de su derecho a la vida. Se argumenta que un feto no es un ser humano. ¿Qué es un ser humano? ¿Quizás un feto un poco más crecido? Matar a un niño por el hecho de tener alguna deficiencia psíquica o física, seria considerado un crimen horrible, más propio de la locura nazi que de un país civilizado; no obstante por esas mismas causas se practican abortos de fetos sin ningún problema. Resumiendo, en España, nación progresista y avanzada, se defiende a ultranza los derechos del niño ya nacido; en cambio cuando ese mismo niño todavía no ha nacido se los niegan de forma absoluta. Es la doctrina “progre”.
Los conservadores, en cambio, que insisten en defender a capa y espada el derecho a la vida del feto, no vacilarían mucho en condenarlo a la pena de muerte unos años mas tarde, cuando este feto, ya nacido, transgrediera alguna ley y se hiciese acreedor a dicha condena. En el fondo, resulta muy irónico pensar que hoy en día, no puedes, por decir algo, ni meterle una colleja a tu “enano”. Como lo hagas llega un juez y te quita la custodia. Pero puedes abortar.
En algunas Comunidades Autónomas no puedes decidir en que idioma quieres que tu hijo estudie (a no ser que tengas pasta para mandarlo al colegio alemán, o al liceo francés). Pero puedes abortar en cuatro idiomas.
Además (como dirían en Cataluña: a mès a mès) si eres hombre, ya es la leche. No tienes voz ni voto; parece tálmente que las mujeres fueran todas vírgenes marías, embarazadas por obra y gracia del espíritu santo. Por supuesto cuando el niño-a nazca tendrás todas las obligaciones inherentes con la paternidad, faltaría más. Pero antes: ellas paren, ellas deciden. Se puede ser más hipócrita pero hay que entrenarse mucho.
Y ya para ir rematando el tema; esta ley, en mi opinión una pésima ley, convierte en derecho de la mujeres lo que no es mas que un fracaso.
Pues detrás de todo aborto se esconde un terrible fracaso. Pensemos en lo que supone a una mujer que accidentalmente aborta, el perder a su hijo. Esta tragedia (la muerte del futuro hijo) en el ámbito de la nueva ley la banalizamos, la convertimos en algo sin importancia, a nivel de un peeling o una sesión de masaje, la usamos como recurso anticonceptivo. Convertimos en suma la que debería ser una medida excepcional (el aborto) en algo menos transcendente que ponerse un piercing o un tatoo. ¡Sorprendente!.
Fracasan las parejas, o las mujeres, que no practican un sexo seguro que prevenga embarazos indeseados. Fracasa una sociedad que ante un embarazo “dudoso” la única alternativa que ofrece a la madre, es un aborto gratuito y clínicamente seguro.
Fracasa una sociedad que considera el aborto libre (ya que esto es lo que en realidad la ley persigue) como una conquista social de la mujer “liberada”. Y cuando fracasa la sociedad fracasamos todos.
Días vendrán que los hijos que ahora con alegría matamos, con pena los encontraremos a faltar. Son los tiempos. Es el progreso.
Comentarios
¡Bienvenido!
Completamente de acuerdo,