Imaginaos la convocatoria de un casting solicitando concursantes para un reality que buscase héroes. O quizás, podríamos buscar santos
Imaginaos un reality-concurso donde los participantes, se vieran expulsados por la “casa” por cobardes y pecadores, como decía Chiquito de la calzada.
Imaginaos a Jorge Javier Vázquez, haciendo el recuento semanal de las ancianitas ayudadas por Alessandro Lecquio a cruzar un semáforo. O a Belén Esteban embarcada en una cruzada para restaurar campanario.....s de iglesias en ruinas.
Imaginaos un casting, que buscase personas generosas, altruistas, con espíritu de sacrificio y sentido del deber; con dotes personales que incluyeran la amabilidad, la simpatía, una gran capacidad empática y un profundo amor por la vida.
Ridículo ¿verdad? ¿Qué interés tendría ver un programa con semejantes concursantes?
Más importante aun: ¿encontraríamos concursantes?
Lo bien cierto es, que la sola enumeración de las virtudes anteriores citadas ya empalagué y hastié. Aburre.
Me planteo todas estas cosas cuando faltan dos días para La Semana Santa. Ya sabéis: vacaciones, playa o quizás montaña, procesiones espectaculares en, prácticamente, cualquier ciudad de la geografía española.
Fiesta, mucha fiesta. Turismo, negocio, hoteles a rebosar, mucho dinero. La Semana Santa vende sola.
Per La Semana Santa, también es otra cosa, es algo más. En La Semana Santa, los creyentes conmemoran y celebran La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. La historia es bien conocida. Nos cuenta el fracaso y la derrota del hombre honesto e inocente a manos de sus crueles enemigos, y la posterior victoria, obtenida cuando ya toda esperanza quedaba aplastada por el peso inamovible de la muerte.
Nos cuenta como un hombre, que muere ajusticiado como un malhechor, resucita como Hijo de Dios.
Como decía, la historia es cosa sabida. La pregunta es ¿Por qué esta fantástica historia despierta hoy día tan poca expectación? ¿Quizá sea que en el fondo no nos la creemos?
Las sociedades humanas buscan constantemente modelos, referencias que guíen nuestras expectativas de vida.
Hoy, los modelos, los referentes que suelen ejercer una especie de fascinación hipnótica en la gente son grandes deportistas, los actores o cantantes de éxito, algunos grandes empresarios con fortunas difícilmente concebibles. En todos ellos la conjunción de factores como: éxito, dinero, fama, atractivo social y sexual que suele acompañarles, convierte a esas personas en irresistibles modelos de comportamiento que influyen de forma importante en todos nosotros. Esto es algo muy humano. Es la base de toda capacidad de aprendizaje. Cuando observamos conductas que tiene éxito procuramos imitarlas.
No hay nada extraño en ello; es cosa vieja y sabida. No obstante la cuestión de fondo queda pendiente: ¿Por qué el hombre que alcanzo el triunfo jamás soñado esta dejando de ser modelo y referencia? ¿Por qué la imitación de Cristo esta pasada de moda?
Jesucristo, con el ejemplo de su vida, nos enseña el camino del éxito. Nos lo dice explícitamente: Yo soy el camino, la verdad y la vida, quien crea en mí vivirá eternamente. Fijaos donde pone Jesucristo el acento. No dice quien crea en mi mensaje. El mensaje es Él.
Quizás dos mil años de historia, de errores y fracasos eclesiales han desgastado la credibilidad de la figura y el evangelio de Jesucristo.
A pesar de esto yo, que también he visto mi fe golpeada y zarandeada por los embates de la vida, sigo queriendo buscar mi referencia, mi modelo en Jesucristo.
En Jesucristo en la Cruz. Como recordamos en Semana Santa, en la tremenda contradicción de la cruz. Símbolo de fracaso, dolor y muerte. Y signo de la exaltación, triunfo y victoria. La esencia misma de la humanidad se muestra en esta contradicción. ¿Cómo alguien que es Hijo de Dios elige morir en la cruz? ¿No hay otra forma de mostrarnos el triunfo del hombre? ¿Es la cruz el único camino que lleva a Dios?
La aspiración a la felicidad del ser humano, alcanza en nuestros días rango de derecho universal. El conciliar esta aspiración a la felicidad, con la exigencia de tomar nuestra cruz y seguirle, es, en mi opinión, la gran tarea pastoral de la iglesia hoy.
Pues la imitación de Cristo, esa que nos hace decir con San Pablo: “Ya no soy yo quien vivo, es Cristo quien vive en mi, necesariamente nos lleva a la Cruz de la renuncia, a la cruz de la muerte de nuestros egoísmos, de nuestros miedos, de nuestras equivocadas escalas de valores. Hasta aquí todo correcto, todo muy viejo, muy sabido y trillado.
Pero la gente necesita ser feliz aquí y ahora. Cuando yo leo el evangelio, veo aun hombre feliz. Jesucristo me parece un hombre que transmite esperanza, alegría, ganas de vivir y de amar.
No en balde, su predica él la llama: Buena nueva. Jesucristo nos trae buenas noticias. Nos dice que Dios nos ama, que podemos ser felices aquí y ahora, y que, como Hijos de Dios y poseedores de un alma inmortal, nuestro destino es la vida inmortal.
Volviendo a lo de los castings y aquello de buscar modelos y referencias de conductas, siempre encontré a faltar, en la proclamación de Cristo que la iglesia hace, un mayor peso de los aspectos positivos que la imitación de Cristo aporta al hombre. Por el contrario abundan los aspectos negativos, sensacionadores y represivos del mensaje cristiano.
El cristianismo hoy en día, debe encontrar su razón de ser, en la posibilidad de que cristo nos brinda de vivir una vida más plena, mas humana, más feliz en suma. Para ello deberíamos actuar como Él; o mejor aun: dejar que Él actúe por nosotros y en nosotros.